Cuando el mito de los vampiros parecía no tener nada nuevo que ofrecer, llegó un tipo tan seco como Alan Ball (Belleza Americana, Six Feet Under) para convertirlos en una brillante lectura de los problemas que vivieron (y siguen viviendo) las minorías. En este artículo adelantamos cómo se viene la segunda temporada que se estrena el domingo en Chile, y que en EE.UU ya lleva cuatro capítulos emitidos. Una donde Ball ahora usa el vampirismo, como una gran metáfora de la adolescencia. Esa etapa en la que todos fuimos tan raros, como un pálido de colmillos afilados.
Por Rodrigo De La Paz.
Si nunca han visto True Blood, pónganse al día leyendo esta columna:Ahí están las razones de por qué su primera temporada se convirtió en todo un suceso. ¿Cómo resistirse a un universo donde los vampiros salen a la luz como un grupo segregado-pero-cool, un grupo temido pero deseado gracias a su poder sexual?
De ahí las expectativas con su segunda temporada. Una que aunque parte de nuevo con otro asesino en serie que debe ser descubierto, en sus primeros cuatro capítulos deja claro que se nos viene algo bueno. Por eso, sin más vueltas, les adelantamos los puntos dramáticos a los que esta nueva temporada le hincará el diente:
GUERRA SANTA
En la primera temporada ya existía xenofobia y violencia contra este nuevo “grupo étnico”, pero la existencia de movimientos organizados sólo se insinuaba. Bueno, ahora es el momento de su aparición. Porque si los negros tienen el Ku Klux Klan como su peor pesadilla, en True Bloodlos vampiros tendrán a la Hermandad del Sol.
Llenos de dinero, con presencia en los medios y mucho poder de lobby, la Hermandad del Sol es un grupo de fanáticos religiosos que quieren eliminar a todos los vampiros. Todo esto lo veremos a través de los ojos de Jason Stackhouse, quien se integra a las filas del grupo.
Como era de esperar Alan Ball usa a La Hermandad del Sol para realizar una feroz crítica a los movimientos extremistas religiosos. Esos que se enriquecen a costa de la fe ciega de sus feligreses y que luchan por imponer su agenda valórica al resto de la sociedad, usando cuestionables tácticas de reclutamiento. Lo paradójico es que este movimiento anti vampiro, se convierte en los representantes del Lado Oscuro de la Fuerza dentro de la serie.
MÁS CARNE, MAS CRIATURAS
La premisa básica de True Bloodes preguntarse cómo afectaría la existencia pública de vampiros a nuestro mundo “real”. Un cuestionamiento que podría ampliarse, cuando otras criaturas extra terrenales decidan salir del clóset. Porque de que hay más seres fantásticos en la serie, los hay.
Ya tenemos los nosferatus y la revelación de que Sam Merlotte puede transformarse en animales. Adicionalmente se ha dicho que también existen los hombres lobo, pero todavía no vemos ninguno. Hasta ahora: el asesino de turno de esta temporada, ataca a sus víctimas desgarrándoles la espalda y sacándoles el corazón. Rápidamente se sabrá que no es humano ni vampiro.
También tendremos más escenas hot, cuando se revele apenas comenzada la temporada, que la enigmática y sexy asistente social Maryann Forrester, es en realidad una ménade:una suerte de ninfa asociada con el dios Dionisio, con el poder de despertar lujuria en los humanos. Y sí la serie ya tiene escenas no aptas para menores, espérense a ver cómo Forrester se convierte en la invitada ideal de las fiesta, que bajo su influjo, terminarán convertidas en orgías.
BABY VAMP
Si bien los dos puntos anteriores son una expansión de líneas argumentales ya esbozadas en la temporada anterior, el gran giro vendrá con la historia de Jessica, la adolescente que Bill debió convertir en vampira al final de la temporada pasada como castigo por destruir a uno de los suyos.
Si varios autores y cineastas han utilizado el vampirismo como metáfora de la liberación de los deseos sexuales reprimidos, Alan Ball lo utiliza acá, brillantemente, como un símbolo de la adolescencia.
Sí, Jessica como humana ya era adolescente (tiene 17 años), pero el punto es que como nueva vampira experimenta un montón de cambios homologables a los del crecimiento: su cuerpo muta -en la forma de colmillos y palidez-, tiene que hacer esfuerzos para controlar sus impulsos de aparearse y/o morder a los chicos que la rodean, y considerando que ahora es inmortal y posee poderes mágicos, le encanta rebelarse contra sus mayores.
El paralelos es claro: un adolescente está repleto de hormonas que gobiernan sus acciones, está lleno de dudas e inseguridades sobre su lugar en el mundo, tiende a no saber comportarse frente a grupos sociales fuera de sus amigos, se siente invencible y Lelio de energía, mientras debe adaptarse a su nuevo cuerpo y descubrir cómo funciona el mundo real. Jessica pasa por eso, pero por partida doble.
Ella es por definición (tanto por su parte adolescente como por su parte vampírica) una fuerza de la naturaleza que debe aprender a controlarse, conocerse y adaptarse a un mundo en que, por la fuerza, está inmersa. Todo con la habitual combinación de angustia/gozo por sentirse llena de vida, pero al mismo tiempo extrañada consigo misma por tanto cambio.
Otro elemento es que ahora Bill deberá comportarse como el nuevo padre de la muchacha: al ser él quien la “convirtió”, es responsable por ella y la tiene bajo su autoridad.
De un día para otro el guapo vampiro tendrá en su casa a esta bestiecilla a la que hay que domar, mostrarle cómo funciona su nuevo mundo (el de los adultos, el de los vampiros) y a quien hay que arreglarle todos los líos en que se mete.
Esto se traducirá en situaciones cómicas donde Bill deberá ponerle horas de llegada, vigilar con quién sale, comprarle ropa “que no la haga ver como una ramera”, etc., un giro argumental que deja en claro que Alan Ball sigue siendo genio y que esta temporada de True Bloodva a estar tan buena como la primera.
La segunda temporada de True Blood se estrena este domingo 19 a las 22:00 por HBO.
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